Ya había leído algunas cosas de María Ines hace un tiempo, pero la acabo de redescubrir con la saga “Caidos del Mapa” que está leyendo mi hija y que yo “pispeo” cuando puedo y ella suelta por un ratito el libro.
¿Cuantos libros son? Son ocho
¿De que trata? De todo lo que puede ocurrir con cuatro amigos inseparables.
La historia comienza cuando los chicos van a septimo grado y continúa cuando entran a la secundaria.

Aca les dejo una reseña de los 4 primeros para se den una idea de que tratan…
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Caídos del mapa – (Marzo de 1995) [editar]

Federico, Graciela, Paula y Fabián, cuatro compañeros de 7mo. Grado, se ratean durante la hora de Geografía y se esconden en el sótano del colegio, pero una compañera los descubre y los amenaza con denunciarlos a la dirección si no la dejan quedarse con ellos. A partir de ese momento, los cinco chicos vivirán momentos de bronca, de ternura, enamoramientos, peleas, confesiones, miedos y alegrías. Un tiempo propio, fuera del mapa del mundo adulto, una aventura que termina cuando suena el timbre del colegio.

Caídos del Mapa 2 – Con Un Pie En El Micro (Marzo de 1997) [editar]

Los chicos que conocimos en “Caídos del mapa 1″ están por terminar 7º grado. Padres y maestros preparan el viaje de egresados que transcurre entre divertidos incidentes. Mientras Miriam inventa una maldad tras otra, nuestros héroes desbaratan sus planes. Lo peor de todo es cuando se enteran que “La Foca” (la maestra de Geografía) va a ir con ellos a La Falda. Relata desde los preparativos del viaje hasta que los chicos suben al micro, con el pasajero sorpresa y la maestra no deseada.
Caídos del Mapa 3 – En Viaje de Egresados (Marzo de 1997) [editar]

Nuestros cuatro amigos emprenden el tan ansiado viaje de egresados a La Falda. El viaje en micro con el escondido tripulante escondido por los chicos y los problemas que este les ocasiona, nos entretienen y apasionan.¿Quién hubiera imaginado que la llegada y el primer dia de estadía estarían llenos de aventuras y enredos nunca antes pensados…hasta con intervenciones de la policía?

Caídos del Mapa 4 - Chau Séptimo (Enero de 2001) [editar]

El último día llegó. 7º era un descontrol, los chicos reían, lloraban y se abrazaban. La alegría de fin de curso, la tristeza por la separación, la ansiedad y el miedo a la secundaria. Todo se mezclaba en las charlas a los gritos. Paula le pidió a Fabían que le firmara el delantal. Fabiám pensó. Quería poner ingenioso, pero no se le ocurría nada. Puso “Fabián”. -Eso sólo? -Preguntó Paula desilusionada. – Aunque no escriba nada no te vas a olvidar -dijo Fabián. – Yo no me voy a olvidar de vos…

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La reseña fue tomada de Wikipedia
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Chicos y grandes además de los libros, les recomiendo que conozcan a la persona que los hace posibles, a María Ines, no dejen de visitar este enlace María Ines Falconi

LA OLLA MÁGICA

Onagra empujó el madero que llevaba atado al cogote debajo de la olla que hervía en el centro de la hoguera y apoyó con fuerza las dos patas en el otro extremo de la palanca; de inmediato, vio la vasija dando vueltas en el aire. Parecía una moneda de cobre refulgente y redonda, una moneda que chorreaba humo y agua. Arriba, el sol, otra moneda más, resplandecía sobre el gran triángulo del techo.

La olla giraba suspendida allá, en lo alto, mucho más arriba de su cabeza. Su cabeza. Se le hacía difícil pensar que estaba a punto de perderla.

-¿Pensaste qué vamos a hacer con este bicho cuando el zumo esté listo?

Corría peligro. Nadie podía negarlo. Él mismo había escuchado a Carda, su dueña, cuando hablaba con el marido.

-¡Qué sé yo! Dejarlo solo, hasta que se muera. O, por ahí, le cortamos la cabeza ¿A quién le importa un burro tonto? –contestó ella soltando una carcajada.

Y en ese momento, a Onagra, las cuatro patas se le aflojaron. ¿Cortarle la cabeza…?, repitió temblando.

Como si se hubiera dormido en las alturas, la vasija dibujaba círculos con pesadez debajo del sol más brillante que nunca.

También iluminaba, alto como un globo, allá tan lejos, encima de la finca de Nodo, su dueño anterior, pero Nodo no lo tenía encerrado en un cuarto de tres paredes con esas cadenas en la puerta. La cuadra donde descansaba él, y otros como él, tenía un techo de paja que lo resguardaba del frío, la lluvia o el calor.

-¡Arre, burrito, arre! -lo animaban los hombres que trabajaban con él.

Onagra siempre había renegado de su destino tan distinto del de los Equinos, sus parientes famosos de patas y cabezas finas, los que tenían crines suaves como la seda. En cambio él, todo áspero, tan sin gracia, con esas orejotas grises. Le parecía injusto que ellos vivieran con agua y alimentos al alcance de sus hocicos mientras que él y sus compañeros malvivían, allí, en la parte trasera del establo, con la comida justa y el descanso mezquino.

-¡Qué le vamos a hacer, burrito -dijeron una tarde los humanos que manejaban los arados como si pudieran leerle el pensamiento -unos nacen con estrella y otros nacen estrellados!

Estrellado, sí y, además, con mala suerte. Así, había nacido él. ¿Por qué la malvada de Carda tendría tan odiosas intenciones?, se preguntó. ¿Qué le había hecho él para que con tanto apresuramiento, decidiera cortarle la cabeza y, por lo tanto, su muerte?

En cambio, allá en su tierra, los hombres, eran bien distintos. Ahora los extrañaba. Le daba tristeza recordar el corral con esas grandes ventanas desde las que el cielo se veía a lo largo y a lo ancho. Tan distinto de ese cuchitril donde el amanecer apenas se adivinaba desde la base de un triángulo de piedras cubiertas de musgo como ésas entre las que ahora, lo tenían encerrado.

Mientras revivía otras épocas, el burro mordisqueaba algunos pastos secos que habían crecido a unos metros de la hoguera, sin tener en cuenta la olla de cobre que, como si alguien estuviera reteniéndola, giraba y giraba en las alturas.

Antes, cuando vivía en la finca, a veces, se cruzaba con sus parientes los Equinos que paseaban con Nodo. Siempre se alegraba de verlos, al fin y al cabo, eran su familia. Se alegraba y los saludaba con aquel rebuzno amistoso que le había enseñado su padre, pero ellos le contestaban con un sacudir de crines lleno de orgullo. Iban siempre apurados, siempre con cosas importantes para hacer. Llevaban al dueño y a su familia en la caza de zorros por el bosque o saltaban vallas en praderas con pastos como de terciopelo.

Claro que a Onagra tampoco le faltaban amigos humanos, los hombres con los que trabajaba, que eran mofletudos como él, con su mismo hedor a tierra revuelta y aquellos pelos duros brincándoles sobre la frente igual que los suyos.

Carda, su nueva dueña, la que le había puesto el collar de madera en el cogote, no tenía, perfume o tal vez, sí, tal vez, la cortina de humo que flameaba en esa pieza de tres paredes disimulaba todos los olores,

Onagra todavía recordaba la tarde en que la vio por primera vez. Ella y su marido fueron al corral a conversar con su antiguo dueño. Necesitaban un animal para hacer un trabajo duro y habían pensado en comprarle uno de los burros que dormían en el fondo del establo.

-¡Pero claro que sí -contestó Nodo -lleven el que más les guste!

Para su desgracia, lo eligieron a él. Fue realmente una catástrofe porque después de un viaje lamentable, lo encerraron en la casa que habían levantado. ¿La casa? ¡Qué iba a ser! Si no era más que una pieza sin ventanas y una puerta raquítica. Una vez allí, le calzaron un collar de madera en el cogote y lo obligaron a dar vueltas alrededor de la hoguera haciendo girar y girar una olla que adentro, tenía vaya a saber qué potingue.

-Lleven el que más les guste –había dicho Nodo.

Y Onagra tuvo que irse con ellos, pero, ¡puras mentiras que les gustaba! No debía de gustarles tanto, porque después, además de tratarlo mal, planeaban cortarle la cabeza.

-No dejes de dar vueltas, burro torpe -había pedido el marido de Carda -que cuando esta bebida esté terminada, mi mujer va cantar como los ángeles. Entonces, ninguno va a ser más rico ni famoso que nosotros.

-Son dos brujos -pensó Onagra viendo que la mujer agregaba un puñado de pétalos de jazmín dentro de la olla.

-Para tener la voz dulce -dijo Carda sumando un cántaro de miel al menjunje.

Así, arrope, almíbar y ramas de canela hervían en agua de azahar a fuego lento mientras el burro daba vueltas y vueltas sin poder desprenderse de la traba de madera que parecía estar a punto de estrangularlo.

-¿Te acordaste de lo más importante? -preguntó el hombre. Como toda respuesta, la bruja agitó una descomunal bolsa de gasa.

-Sí, traje las plumas de alas de ruiseñor.

También tenía otras de mirlos, zorzales, calandrias y canarios anaranjados.

De tanto en tanto, el hombre y la mujer levantaba la tapa y ponía huevos de reina mora o cardenal en la vasija

-Las alas del hornero, del pájaro mosca y del ave lira no me interesan para nada porque no saben cantar, así que ni me molesto en buscarlos – dijo Carda una tarde.

Mientras, revolvía el líquido espumoso con su cucharón de madera. A veces, probaba el brebaje con la punta de la lengua, se relamía y después, tarareaba. Tarareaba y parecía que un coro de jilgueros cantaba desde su garganta. Un día, de pronto, el marido la hizo callar para preguntarle:

-¿Pensaste qué vamos a hacer con este bicho cuando el zumo esté listo?

Pese a que no se destacaba por tener una inteligencia de las más brillantes, el animal se dio cuenta de que estaban hablando de su futuro, así que fue todo orejas y esperó la respuesta, sin dejar de dar vueltas con el pesado collar de madera apretado a su pescuezo.

-¡Qué sé yo! Dejarlo aquí, hasta que se muera. O, por ahí, le cortamos la cabeza ¿A quién le importa un burro tonto? –contestó ella con una sonrisa odiosa.

A Onagra, las patas le temblaron. Las cuatro patas le temblaron ¿Ahí, encerrado hasta morirse? ¿Sin volver a su tierra? ¿Y sus viejos amigos? ¿Y su noche querida, allá, en el establo de Nodo tan larga y amplia, toda llena de luna? Otra pregunta más inquietante todavía, asaltó sus pensamientos. ¿Querían cortarle la cabeza?

Por eso, había hecho saltar la olla con sus rodillas delanteras. De rabia, por lo que planeaban para él. Pero, al instante, se asustó.

-¡Uijijijiii! -lloriqueó.

¡Cuando Carda viera que había tirado su licor maravilloso iba a querer matarlo dos veces!

En aquel momento, la olla dejó de girar y se volcó, al sentir el chorro del líquido caliente sobre su cabeza, Onagra alcanzó a correrse hacia un costado.

Se salvó, sin embargo, diez, veinte, cien gotas, le entibiaron el pecho y los antebrazos.

Casi enseguida, empezó a notar aquella sensación de agilidad y ligereza en las patas. Sensación que lo hacía dar saltos incontenibles igual que golpes de viento, saltos y volteretas que lo elevaban liviano como un barrilete. Liviano como todas las plumas de pájaros que Carda había echado en su olla mágica.

No podía dominarse así que brincó, brincó y, de un solo salto, rebasó la línea superior de las paredes. Después de hacer una serie de piruetas con una habilidad que nunca había tenido, volvió a saltar. Volvió a saltar y se vio por encima de las ramas más altas de los árboles; fue cuando se animó y dio aquella voltereta audaz que le hizo escalar el cielo, mientras sentía que su cuerpo se brotaba de plumas. Y entonces, como por arte de magia, voló. Voló con un inútil collar de madera colgando del pescuezo.

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La Autora: Olga Dennen;
Nació en San Martín provincia de Buenos Aires.
Es docente, poeta, ensayista, editora y autora de libros de literatura infantil y juvenil. Jurado de Alija, del Fondo Nacional de las Artes, de los Premios Nacionales de Literatura Infantil de la Secretaria de Cultura de Presidencia de la Nación, del Premio Fantasía Infantil, entre otros. Participó como exponente en distintos congresos nacionales e internacionales. Ha obtenido distintos premios por sus obras. Colaboró distintos medios de nuestro país. Participó en numerosas antologías. Tradujo La carta robada de Edgar Allan Poe.
En la actualidad, se desempeña como editora en una acreditada editorial dedicada a publicar material para docentes.

Algunas de sus obras para jóvenes:
“Azul y la mariposa”, El conejo que quería volar”, “La ardillita amistosa”,Los gatos paseanderos”, “El cumpleaños de Tolón”, “El pececito dorado” y “Relmú” en la Colección “Cuentos para mis hijos”, Ed. Bureau de Promotion, 1981, Bs. As.

“Wunderding y otros escalofríos”, cuentos, Coquena, Grupo Editor, Libros del Quirquincho, 1990, Bs. As.

“Sombras y Temblores” cuentos, Ed. Quipu, 1993, Bs. As.

“Leyendas que eran y son” Ed. El Ateneo, 1996, Bs. As.

“Asesinatos en la escuela del perro” novela, Coquena, Grupo Editor, Libros del Quirquincho, 1990, Bs. As.
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Este cuento y la biografía fueron tomados de la pagina: www.7calderosmagicos.com.ar

Los Doce Hermanos, tercera y última parte.

La niña se quedó en casa con Benjamín para ayudarle en los quehaceres domésticos, mientras los otros once salían al bosque a cazar corzos, aves y palomitas para llenar la despensa. Benjamín y la hermanita cuidaban de guisar lo que traían.

Ella iba a buscar leña para el fuego, y hierbas comestibles, y cuidaba de poner siempre el puchero en el hogar a tiempo, para que al regresar los demás encontrasen la comida dispuesta. Ocupábase también en la limpieza de la casa y lavaba la ropa de las camitas, de modo que estaban en todo momento pulcras y blanquísimas. Los hermanos hallábanse contentísimos con ella, y así vivían todos en gran unión y armonía. He aquí que un día los dos pequeños prepararon una sabrosa comida, y, cuando todos estuvieron reunidos, celebraron un verdadero banquete; comieron y bebieron, más alegres que unas pascuas.

Pero ocurrió que la casita encantada tenía un jardincito, en el que crecían doce lirios de esos que también se llaman «estudiantes». La niña, queriendo obsequiar a sus hermanos, cortó las doce flores, para regalar una a cada uno durante la comida. Pero en el preciso momento en que acabó de cortarlas, los muchachos se transformaron en otros tantos cuervos, que huyeron volando por encima del bosque, al mismo tiempo que se esfumaba también la casa y el jardín. La pobre niña se quedó sola en plena selva oscura, y, al volverse a mirar a su alrededor, encontróse con una vieja que estaba a su lado y que le dijo:
— Hija mía. ¿qué has hecho? ¿Por qué tocaste las doce flores blancas?

Eran tus hermanos, y ahora han sido convertidos para siempre en cuervos. A lo que respondió la muchachita, llorando:
— ¿No hay, pues, ningún medio de salvarlos?
— No -dijo la vieja-. No hay sino uno solo en el mundo entero, pero es tan difícil que no podrás libertar a tus hermanos: pues deberías pasar siete años como muda, sin hablar una palabra ni reír. Una palabra sola que pronunciases, aunque faltara solamente una hora para cumplirse los siete años, y todo tu sacrificio habría sido inútil: aquella palabra mataría a tus hermanos.

Díjose entonces la princesita, en su corazón: «Estoy segura de que redimiré a mis hermanos». Y buscó un árbol muy alto, se encaramó en él y allí se estuvo hilando, sin decir palabra ni reírse nunca.

Sucedió, sin embargo, que entró en el bosque un Rey, que iba de cacería. Llevaba un gran lebrel, el cual echó a correr hasta el árbol que servía de morada a la princesita y se puso a saltar en derredor, sin cesar en sus ladridos. Al acercarse el Rey y ver a la bellísima muchacha con la estrella en la frente, quedó tan prendado de su hermosura que le preguntó si quería ser su esposa. Ella no le respondió de palabra; únicamente hizo con la cabeza un leve signo afirmativo. Subió entonces el Rey al árbol, bajó a la niña, la montó en su caballo y la llevó a palacio. Celebróse la boda con gran solemnidad y regocijo, pero sin que la novia hablase ni riese una sola vez.

Al cabo de unos pocos años de vivir felices el uno con el otro, la madre del Rey, mujer malvada si las hay, empezó a calumniar a la joven Reina, diciendo a su hijo:
— Es una vulgar pordiosera esa que has traído a casa; quién sabe qué perversas ruindades estará maquinando en secreto. Si es muda y no puede hablar, siquiera podría reír; pero quien nunca ríe no tiene limpia la conciencia.

Al principio, el Rey no quiso prestarle oídos; pero tanto insistió la vieja y de tantas maldades la acusó, que, al fin, el Rey se dejó convencer y la condenó a muerte.
Encendieron en la corte una gran pira, donde la reina debía morir abrasada. Desde una alta ventana, el Rey contemplaba la ejecución con ojos llorosos, pues seguía queriéndola a pesar de todo. Y he aquí que cuando ya estaba atada al poste y las llamas comenzaban a lamerle los vestidos, sonó el último segundo de los siete años de su penitencia.

Oyóse entonces un gran rumor de alas en el aire, y aparecieron doce cuervos, que descendieron hasta posarse en el suelo. No bien lo hubieron tocado, se transformaron en los doce hermanos, redimidos por el sacrificio de la princesa. Apresuráronse a dispersar la pira y apagar las llamas, desataron a su hermana y la abrazaron y besaron tiernamente.

Y puesto que ya podía abrir la boca y hablar, contó al Rey el motivo de su mutismo y de por qué nunca se había reído. Mucho se alegró el Rey al convencerse de que era inocente, y los dos vivieron juntos y muy felices hasta su muerte. La malvada suegra hubo de comparecer ante un tribunal, y fue condenada. Metida en una tinaja llena de aceite hirviente y serpientes venenosas, encontró en ella una muerte espantosa.

*******F I N******

A ver quien se anima con las respuestas…??

CIEN PATOS
Cien patos van por un puente,
todos a un mismo compás,
caminan divinamente
con una pata no más.

Cuatro conejos
Cuatro conejos
metidos en un cajón
¿cuántos conejos son?

Chicos, les cuento que por suerte empezaron allegar escritos a la sección “ESCRIBIME” y como lo prometí empiezo a postear los escritos y Gabriel San Martín es el chico que da comienzo, los dejo con su cuento…

“La Muerte los Revivió”
Donde terminé finalmente todo era vacío; sin existencia de color, sonido o movimiento alguno. Así vivía yo, en medio de la nada, observando la ausencia de todo lo que imaginaba, escuchando un silencio que deseaba que se callara, sintiendo el estancamiento de energía alrededor de mí. Mí única compañía era la soledad… hasta que llegó ella.
Estaba ahí, al frente mió, observando la ausencia de todo, sorprendida de verme tan solo, sorprendida de haberme hallado…
-Te encontré…- dijo a fin. Su voz me impactó, casi quiebra mi alma cuando pronunció aquellas palabras; ella había callado el silencio al fin.
En el momento en que hablo, la nada que me rodeaba dejo de hacer presión sobre mi cuerpo. Todo estaba tan…lleno. Al fin supe que me había rescatado, me había seguido incluso más allá de la muerte y de la vida para dar conmigo, y ciertamente, lo había logrado.
La idea que rondaba mi cabeza quedo clara al fin: ese sentimiento que me perseguía inquieto en la nada… ese sentimiento que me mantuvo vivo tantos milenios… ese sentimiento… se llamaba amor.
“Lo lograste”…, eso fue lo único que conseguí decirle antes de que la muerte nos llevara a vivir de nuevo, esta vez…. sin nada que nos separara.

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Reseña de autor:
“Soy un adolescente que intenta buscar lo desconocido y descubrir lo oculto…. trato de reflejar mis sentimientos…mis pensamientos…y lo mas importante… mi alma en todo lo que escribo….
Gabriel San Martín

LA PAGINA DE GABRIEL

1¿Cuando leer El Principito?
2¿A que edad?
3¿Hay que leerlo?

Las respuestas, chicos y grandes, son:
1 Cuando quieras y donde quieras, pero en especial en esos momentos en los que te sentís solo e incomprendido.
2 A cualquier edad, El Principito se puede leer de niño, de adolescente, de joven, de adulto, de viejo y de muy viejito. El Principito tiene una magia especial que se adapta a todas la edades y deja una enseñanza siempre distinta.
3 ¡Claro que hay que leerlo! ¡No te lo podés perder!

Así empieza:

Pido perdón a los niños por haber dedicado este libro a una persona mayor. Tengo una seria excusa: esta persona mayor es el mejor amigo que tengo en el mundo. Pero tengo otra excusa: esta persona mayor es capaz de comprenderlo todo, incluso los libros para niños.

Tengo una tercera excusa todavía: esta persona mayor vive en Francia, donde pasa hambre y frío. Tiene, por consiguiente, una gran necesidad de ser consolada. Si no fueran suficientes todas esas razones, quiero entonces dedicar este libro al niño que fue hace tiempo esta persona mayor. Todas las personas mayores antes han sido niños. (Pero pocas de ellas lo recuerdan).

Corrijo, por consiguiente, mi dedicatoria:

A LEÓN WERTH
cuando era niño

Mi experiencia con este libro fue hermosa. Lo leí tres veces. ¿Por qué? Por que descubrí su encanto, porque me dí cuenta de que siempre me enseñaba algo nuevo. La primera vez fue alrededor de los 15 años. La segunda mientras estaba embarazada de mi primera hija a los 22 y la tercera no hace mucho, a los 30 empezando una nueva década. Cada vez que terminé el libro me dio nostalgia pero también me dejó “llena” y “alegre”.
Se los recomiendo mucho mucho a todos
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Si desean comenzar con la lectura en este instante, aca tienen un enlace donde esta todo completito con las ilustraciones originales y todo:EL PRINCIPITO

Segunda Parte

Transcurridos once días, llególe la vez a Benjamín, el cual vio que izaban una bandera. ¡Ay! No era blanca, sino roja como la sangre, y les advertía que debían morir. Al oírlo los hermanos, dijeron encolerizados:
— ¡Qué tengamos que morir por causa de una niña! Juremos venganza. Cuando encontremos a una muchacha, haremos correr su roja sangre. Adentráronse en la selva, y en lo más espeso de ella, donde apenas entraba la luz del día, encontraron una casita encantada y deshabitada:
— Viviremos aquí -dijeron-. Tú, Benjamín, que eres el menor y el más débil, te quedarás en casa y cuidarás de ella, mientras los demás salimos a buscar comida.

Y fuéronse al bosque a cazar liebres, corzos, aves, palomitas y cuanto fuera bueno para comer. Todo lo llevaban a Benjamín, el cual lo guisaba y preparaba para saciar el hambre de los hermanos. Así vivieron juntos diez años, y la verdad es que el tiempo no se les hacía largo.

Entretanto había crecido la niña que diera a luz la Reina; era hermosa, de muy buen corazón, y tenía una estrella de oro en medio de la frente. Un día que en palacio hacían colada, vio entre la ropa doce camisas de hombre y preguntó a su madre:

— ¿De quién son estas doce camisas? Pues a mi padre le vendrían pequeñas.
Le respondió la Reina con el corazón oprimido:
— Hijita mía, son de tus doce hermanos.
— ¿Y dónde están mis doce hermanos -dijo la niña-. Jamás nadie me habló de ellos:

La Reina le dijo entonces:
— Dónde están, sólo Dios lo sabe. Andarán errantes por el vasto mundo. Y, llevando a su hija al cuarto cerrado, abrió la puerta y le mostró los doce ataúdes, llenos de virutas y con sus correspondientes almohadillas:
— Estos ataúdes -díjole- estaban destinados a tus hermanos, pero ellos huyeron al bosque antes de nacer tú -y le contó todo lo ocurrido. Dijo entonces la niña:
— No llores, madrecita mía, yo iré en busca de mis hermanos.
Y cogiendo las doce camisas se puso en camino, adentrándose en el espeso bosque.

Anduvo durante todo el día, y al anochecer llegó a la casita encantada. Al entrar en ella encontróse con un mocito, el cual le preguntó:
— ¿De dónde vienes y qué buscas aquí? -maravillado de su hermosura, de sus regios vestidos y de la estrella que brillaba en su frente.
— Soy la hija del Rey -contestó ella- y voy en busca de mis doce hermanos; y estoy dispuesta a caminar bajo el cielo azul, hasta que los encuentre.

Mostróle al mismo tiempo las doce camisas, con lo cual Benjamín conoció que era su hermana.
— Yo soy Benjamín, tu hermano menor- le dijo. La niña se echó a llorar de alegría, igual que Benjamín, y se abrazaron y besaron con gran cariño. Después dijo el muchacho:
— Hermanita mía, queda aún un obstáculo. Nos hemos juramentado en que toda niña que encontremos morirá a nuestras manos, ya que por culpa de una niña hemos tenido que abandonar nuestro reino.
A lo que respondió ella:
— Moriré gustosa, si de este modo puedo salvar a mis hermanos.
— No, no -replicó Benjamín-, no morirás; ocúltate debajo de este barreño hasta que lleguen los once restantes; yo hablaré con ellos y los convenceré.

Hízolo así la niña.
Ya anochecido, regresaron de la caza los demás y se sentaron a la mesa. Mientras comían preguntaron a Benjamín:
— ¿Qué novedades hay?
A lo que respondió su hermanito:
— ¿No sabéis nada?
— No -dijeron ellos.
— ¿Conque habéis estado en el bosque y no sabéis nada, y yo, en cambio, que me he quedado en casa, sé más que vosotros? -replicó el chiquillo.
— Pues cuéntanoslo -le pidieron.
— ¿Me prometéis no matar a la primera niña que encontremos?
— Sí -exclamaron todos-, la perdonaremos; pero cuéntanos ya lo que sepas.
— Entonces dijo Benjamín:
— Nuestra hermana está aquí -y, levantando la cuba, salió de debajo de ella la princesita con sus regios vestidos y la estrella dorada en la frente, más linda y delicada que nunca ¡Cómo se alegraron todos y cómo se le echaron al cuello, besándola con toda ternura!

¡Chicos solo faltan unos días para Navidad!!!
¿No se les pasó rapidísimo este año?
Seguramente todos terminaron ya las clases, algunos habran comenzado a ir al club o a la colonia de vacaciones y otros tal vez se quedan en casita durmiendo hasta tarde…mmmmmm… Pero lo que es seguro es que ya deben haber hecho la carta a Papá Noel ¿o no?
Les cuento que amí me encantan los villancicos y aunque soy muy desafinada para cantar los canto y igual.
Aca les dejo algunos para que canten en Noche Buena

A las 12 de la noche

A las doce de la noche,
todos los gallos cantaron,
y en su canto anunciaron,
que el Niño Jesús nació.

Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.

Señora doña María,
aquí le traigo unas peras,
aunque no están muy maduras,
cocidas están muy buenas.

Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.

A las doce de la noche,
un gallo me despertó,
con su canto tan alegre,
diciendo Cristo nació.

Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.
Ay sí, ay no,
al Niño lo quiero yo.

En el portal de Belén,
hacen lumbre los pastores,
para calentar al Niño,
que ha nacido entre las flores.

Arbolito

Esta noche es Nochebuena
Vamos al monte, hermanito,
A buscar un arbolito,
Hoy que la noche es serena

Los reyes y los pastores
Andan siguiendo una estrella
En busca del nino santo,
Hijo de la virgen bella.

Arbolito, arbolito,
Campanitas de Belen,
Quiero que vengas conmigo
Que al recien nacido te voy a ofrecer,

Iremos porque esta noche
Ha nacido el Nino Rey
Iremos porque esta noche
Ha nacido el Cristo Rey


Arre borriquito

Venid, pastorcitos,
venid a adorar
al Rey de los cielos
que ha nacido ya.

Arre borriquito,
vamos a Belén
a ver a la Virgen
y al niño también.

Rústico techo
abrigo le da,
por cuna un pesebre
por templo un portal.

Arre borriquito,
vamos a Belén
que mañana es fiesta
y al otro también.

Esta noche con la luna
y mañana con el sol
a Belén caminaremos
a ver pronto al Niño Dios.

Vamos, pastores, vamos,
vamos a Belén,
a ver a ese Niño
las glorias del Edén.

Primera Parte

Éranse una vez un rey y una reina que vivían en buena paz y contentamiento con sus doce hijos, todos varones. Un día, el Rey dijo a su esposa:
— Si el hijo que has de tener ahora es una niña, deberán morir los doce mayores, para que la herencia sea mayor y quede el reino entero para ella.

Y, así, hizo construir doce ataúdes y llenarlos de virutas de madera, colocando además, en cada uno, una almohadilla. Luego dispuso que se guardasen en una habitación cerrada, y dio la llave a la Reina, con orden de no decir a nadie una palabra de todo ello.
Pero la madre se pasaba los días triste y llorosa, hasta que su hijo menor, que nunca se separaba de su lado y al que había puesto el nombre de Benjamín, como en la Biblia, le dijo, al fin:
— Madrecita, ¿por qué estás tan triste?
— ¡Ay, hijito mío! -respondióle ella-, no puedo decírtelo.

Pero el pequeño no la dejó ya en reposo, y, así, un día ella le abrió la puerta del aposento y le mostró los doce féretros llenos de virutas, diciéndole:
— Mi precioso Benjamín, tu padre mandó hacer estos ataúdes para ti y tus once hermanos; pues si traigo al mundo una niña, todos vosotros habréis de morir y seréis enterrados en ellos.
Y como le hiciera aquella revelación entre amargas lágrimas, quiso el hijo consolarla y le dijo:
— No llores, querida madre; ya encontraremos el medio de salir del apuro. Mira, nos marcharemos.

Respondió ella entonces:
— Vete al bosque con tus once hermanos y cuidad de que uno de vosotros esté siempre de guardia, encaramado en la cima del árbol más alto y mirando la torre del palacio. Si nace un niño, izaré una bandera blanca, y entonces podréis volver todos; pero si es una niña, pondré una bandera roja. Huid en este caso tan deprisa como podáis, y que Dios os ampare y guarde. Todas las noches me levantaré a rezar por vosotros: en invierno, para que no os falte un fuego con que calentaros; y en verano, para que no sufráis demasiado calor.

Después de bendecir a sus hijos, partieron éstos al bosque. Montaban guardia por turno, subido uno de ellos a la copa del roble más alto, fija la mirada en la torre.

No lo leí de niña, lo leí de grande por curiosidad y porque me encanta como escribe Kipling y se los recomiendo a todos los niños y adolescentes.
“El Libro de la Selva” fue tambiém conocido como “El libro de las Tierras Virgenes” y fue escrito por Rudyard Kipling en 1894. En ese tiempo las historias del libro se publicaban en “entregas” periódicas en revistas y las ilustraciones que tenía eran hechas por el padre del autor, Jhon Lockwood Kipling.
El libro cuenta la historia de Mowgli, un niño criado por lobos en la Selva India y de sus grandes amigos: un oso blanco y una enorme pantera. A lo largo de la historia el autor nos va mostrando todo lo que sabe y conoce de la India así como también nos deja enseñanzas morales.
Es un libro lleno de aventuras, de suspenso, de ternura y de enseñanzas y además contado de una forma maravillosa por un talentoso escritor.

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